Te vacías en mí, involuntariamente;
súbito, furtivo, diestro, a plomo.
Franqueas la línea de fuego,
burlando cada contención,
haces diana sensible
partiendo todas mis partes.
Te viertes en mí y me llevas contigo,
inexorable, como la gravedad de una gota
en el descenso sediento de todo un mar de nubes,
-en el que jamás hubo orillas-
Me tapas la boca, en pocas palabras.
me echas una mirada por dentro, que me cierra los ojos
y me desnuda los labios de besos que no existen.
Cuando me vengo a dar cuenta, ya me ocupas
en los silencios que arrastro por las calles que transito,
la desorbita de tu planeta ya dibuja garabatos en mi Luna.
y me desvelo releyéndolos como tu fan más loca.
Tu poesía me toca el alma sin partituras y a oscuras
y comulgo a fe ciega, con tu cuerpo, a escondidas.
Lo cierto es que ya no puedo detener el contratiempo,
el desconcierto de tus letras es erógena en todas mis zonas.
Me hacen tan libre, que siento que vuelo sobre el celeste
del cielo que escribes, el mismo cielo que a veces, se te cae encima.
del cielo que escribes, el mismo cielo que a veces, se te cae encima.
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