Vigoroso crece en el aire
el
tallo verde y vibrante.
Se
alza en círculos errantes,
atrapando las caricias del Sol.
Sabe de la fortuna,
que en
sus entrañas reserva.
Son
necesarias las espinas,
Para
que la rosa florezca.
La densidad infinita en un punto,
guarda
el capullo, su Universo latente.
Big
Bag de fucsias y magentas.
Explota, sin reserva, todo su amor.
Y es cuando la rosa altiva y tersa,
en el
punto máximo de su belleza,
expone
también toda su fragilidad,
su
terciopelo, su olor...
Efímera y fugaz existencia,
cuyo
fin último no es más que enamorar,
la
atención de quién la observa.
Comienza la flor a aceptar su quimera,
a
secarse en su sueño profundo.
Desnuda, brama su alma ante el mundo...
sus
amarillos, azules y violetas.
Se estremece, perenne infinita en la memoria.
Se
desploman, sus pétalos sobre la mesa.
Se
consume, en negros y borgoñas
Y aun
así sigue siendo bella...
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